Me llama inmensamente la atención la potestad que tienen elementos como el viento en la creación de atmósferas en nuestra vida cotidiana. Ingresé al metro un día, y me quedé esperando en la parte superior, que conecta los dos andenes de la estación San Pablo. En esa espera se produjo un fenómeno bastante común, pero que pocas veces nos damos el tiempo de analizar. Llegaron dos metros a la vez a la estación, uno de cada dirección, y en el momento del cruce (ver foto de referencia) se genero un flujo de viento muy potente, que impacto directamente en mi y en las otras personas que se encontraban en el lugar. Pude ver que las demás personas, al llegarles el viento, cerraron los ojos, y se dejaron llevar por este. Sus rostros reflejaban una sensación confortable, pacifica. En clases, al explicarnos el fenómeno del efecto Venturi, esta imagen se me vino a la cabeza, y me hizo mucho sentido el hecho de buscar controlar los flujos de viento para generar distintos ambientes.

Esto es reflexión cotidiana, donde relacionó el efecto a una vivencia. Esto permanece en la memoria.
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